Mientras estuvimos en Bali,
la abuela de uno de los reyes de allí tuvo la doble delicadeza de morirse y de
organizar su funeral en el pueblo en el que estábamos.
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| El famoso "Becerro de Oro" versión balinesa. |
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| Semana Santa Balinesa |
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| Algunos de los presentes para la muerta en su viaje al otro mundo |
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| Happy Royal Family |
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| Supositorio Real |
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| Una obra de arte efímera |
Después de dos meses de
danzas, cánticos y manualidades (construyeron un toro de 6 toneladas) y una torre
(9 toneladas)), pusieron el cadáver en lo alto de la torre, la pasearon por el
pueblo, la convirtieron en un supositorio para el toro y los quemaron juntos.
Todo con música extraña para alejar a los malos espíritus, locales emocionados
arrastrando a pulso las dos “fallas” (ríete tú de los pasos de Semana Santa),
guiris alucinados abarrotando las calles, algún miembro de la familia real tan
acaramelado con su amigo que creo que disfrutaría del Orgullo Gay de Madrid y
calor, musha calor… Una maravillosa convocatoria.
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