Debo comenzar diciendo que los tomates de mi suegra son cojonudos. Los cultiva en la huerta que tiene en su casa de Fuenterrabía. Son sabrosos y carnosos. Sabor intenso. Casi iguales a los de Birmania.
¡Qué tomates, señores!.¡Qué tomates!(y no quiero ni hablar de sus fresas que son las más ricas que he probado en muucho tiempo).
Ya que habíamos ido a Myanmar a aprender sobre el cultivo del tomate, también visitamos los pueblos de los "gitanos del mar" o "inthas".
Al final un purito para celebrar tan magno acontecimiento.
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