martes, 14 de julio de 2015

Kumano Kodo. Segunda parte.

Esta segunda parte de la descripción del Kumano Kodo tiene un protagonista especial, las mandarinas de la prefectura de Wakayama. Esta zona de Japón es conocida por sus mandarinas, son jugosas, dulces y con muchas pepitas. Fueron  nuestro "maná" durante la dura travesía del Kumano. Cuando encarábamos una nueva pendiente, sacaba como si se tratase de las espinacas de Popeye, un par de mandarinas que a la vez que calmaban mi sed me daban fuerzas para continuar el camino.

No sólo las mandarinas nos daban fuerzas para continuar sino que había lugares donde podías jurar que un milenio antes arcanas fuerzas habían actuado allí. Cuenta la leyenda que durante la peregrinación que Hidehira Fujiwara y su mujer (nota: las mujeres en las leyendas rara vez tienen nombre) estaban realizando, su mujer se puso de parto y se refugió en ésta roca, llamada  Chichi-iwa.
Pues bien, dejaron al niño allí y continuaron su peregrinación. En esto apareció un lobo y vertió por la roca leche de la cual se alimentó el niño hasta el regreso de sus padres del peregrinaje. Chichi-iwa  significa la "roca de leche". Claramente no sólo en Roma las lobas alimentan a los niños abandonados en vez de comérselos.



Bosques de pinos (recuerdo que la zona además de por sus mandarinas y el Aikhido es famoso por sus empresas madereras), altares -Ojis- dedicados a diversos espíritus "omens" y en algunos lugares te encontrabas con casas tradicionales como las de las imágenes.



Hicimos noche en  varios albergues. Todos eran de estilo "Ryokan" es decir alojamientos tradicionales japoneses. Paneles de bambú para separar las habitaciones, suelo de mimbres y colchón para dormir junto con una tetera con té verde son los elementos que encuentras en una habitación tradicional. Los baños fuera y siempre suele haber un baño caliente.

Recorriendo la península de Kii,  por cuyas sendas discurre el Kumano, encontramos las últimas huellas del lobo japonés extinto durante la era Meiji.

Hidehira Fujiwara, famoso por ser mejor peregrino que padre, realmente debió ser todo un personaje si nos guiamos por las leyendas o ¿será el carácter japonés?. Seguimos con su historia. Como eso de dejar al hijo para continuar el peregrinaje, pues debe estar mal visto en todos los lugares y en todas las épocas, tanto él como su mujer plantaron un esqueje de castaño de los bastones que llevaban para ayudarse durante el camino. De éste esqueje nacieron estos castaños. Esta ofrenda debía servir para cuidar del niño. Estos árboles  llevan ahí desde el siglo XIX.




3 comentarios:

  1. Uhmmm suena una experiencia única y muy atractiva ... durante vuestro camino, ¿cuál fue vuestra percepción de afluencia de peregrinos, "turigrinos", senderistas, deportistas de trial, etc? ;-)

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    1. Pablo,

      ¿la sensación? De agotamiento. De verdad que es duro. Eso si haces las rutas reales, no las de los turistas ocasionales. Es decir, hay buses que te llevan de shrine a shrine para que te hagas la foto. No, yo digo hacerse los 25 km diarios cuesta arriba con pendientes mortíferas.
      No me encontré con tantos peregrinos por el camino. Sobre todo japoneses. Pocos extranjeros. Quizás no era época de vacaciones. Todo está muy bien montado y organizado, por cierto.

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  2. ¡Gracias!
    Sí, me gustaría; a ver si lo compagino visitando también otras áreas de Japón.

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