lunes, 31 de agosto de 2015

Tiburón blanco.


Hace unos meses nos embarcamos, como Cousteau, en la búsqueda del "gran blanco". Ver al gran blanco no es tarea fácil. Se pueden ver en Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y California. Y nos fuimos a Lincoln, Australia. Y como el comandante recorrimos largas distancias para ir a filmar y a vivir la experiencia de bucear frente al rey del mar.

Volamos de Kuala Lumpur a Melbourne (6360 km), de allí alquilamos un coche que nos llevaría desde la ciudad del estado de Victoria al puerto marítimo de Lincoln, en el sur de Australia. Hicimos 1200 kilómetros en dos días y medio. Cruzamos el famoso "Great Ocean Road" y vimos sus "Doce Apóstoles". Paramos en pueblos muy parecidos a los de las llanuras de Estados Unidos. Intentamos entendernos con los locales y su fuerte acento (objetivo conseguido al 80%). Visitamos la ciudad de Adelaida, con la confirmación de que las ciudades australianas-salvo Sidney que es majestuosa- no dan para más que un día o una tarde de paseo tranquilo. ¡Y llegamos a Port Lincoln!. 

Port Lincoln es un puerto pesquero que debe su fama a dos cosas: ser un importante centro de capturas de atún (delicioso, por cierto) y los tiburones blancos.
La tarde anterior al buceo aprovechamos para visitar el parque nacional de Port Lincoln. Entre dunas y una costa interminable nos hablamos con un local que nos contó que la semana pasada un tiburón había atacado a un surfista arrancándole la pierna. Gracias  a la ayuda de sus compañeros salvó la vida(supongo que cuando te sacas el carnet de surf te dan un curso de primeros auxilios). Ademas oímos y vimos a los canguros a la caída de la tarde. Cuando se desplazan, el suelo suena como el toque de un tambor. Aunque al principio nos parecieron huidizos luego resultó que estaban muy habituados al ser humano.

Al día siguiente nos levantamos muy pronto, a las 4 am ya que nos esperaba una travesía de varias horas hasta la islas Neptuno. Hay una sóla empresa autorizada para ofrecer la experiencia a turistas. Y por ello es bastante caro. En nuestro grupo vino un equipo de noticias de la televisión nacional australiana. Estaban haciendo un reportaje sobre la vida en Port Lincoln. Los cámaras parecían los ZZ Top. Uno de los periodistas nos explicó que la localidad vivía en gran medida gracias al negocio de los tiburones blancos. Con él iba lo que debía ser una estrella local del showbusiness, en sus 60 gordo y medio borracho durante toda la travesía. Le llevaban como "gancho" del reportaje. Al intentar bajar a la jaula, le resultó imposible. Tuvo un ataque de pánico (que no fue el único).

Bucear con el tiburón blanco es una experiencia única. Es impresionante y hermoso. Por unos momentos tienes la sensación de volver a épocas más primitivas donde el ser humano se regía por el comportamiento "presa-depredador". Y  está claro quién era la víctima.

La jaula es un entorno bastante seguro y cómodo, aunque varias personas no pudieron soportar estar encerrados en esa jaula y tuvieron que salir con ataques de pánico o ansiedad. Duró casi una hora. Desde el barco lanzaban cebos y sangre para atraer al tiburón. Pudimos ver tres de tamaño medio, unos 3 o 4 metros. Los tiburones jóvenes están alrededor de las Islas Neptuno ya que tienen una población estable de elefantes marinos, de los cuales se alimentan. Estando en la jaula uno tenía la sensación de estar en una pecera,presto a ser elegido por el "cliente" para ser cocinado. El tiburón es curioso y se acercaba tocando la jaula, comprobando qué había.  Era fácil perderle de vista para que al momento apareciese a tu espalda. Inquietante.

Un par de veces capté la imagen del animal abriendo la boca y mordiendo el cebo. ¡Qué impresión! 

Me gustaría darle las gracias a todos los que han participado en éste rodaje.Empezando por los cámaras ZZTop; a los 3 tiburones blancos tan curiosones ellos; a los leones marinos sin cuyo sacrificio no habríamos  podido disfrutar de semejante espectáculo; al australiano borracho y gordo con ataque de pánico; a Muskilda por levantarse a las 4 de la mañana "paraverunbicho";al capitán del barco y su elegante acento australiano; a las tres australianas guapísimas y lo bien que les quedaba el traje de neopreno;y por último a mi mamá y a Cousteau, sin los que mis sueños de niño-adulto no serían realidad.

Os dejo con un avance de la película.














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