
He recorrido Filipinas con cierta frecuencia. Sobre todo para bucear. Filipinas es un paraíso para el buceador. Pero el paraíso siempre tiene su infierno. El infierno es el país en sí. Si la naturaleza es hermosa (aunque cada vez más dañada por la acción del hombre), el país y su sociedad son un infierno. Es un infierno de pobreza y miseria, de superpoblación, de basura, de prostitución, de falta de las más mínimas infraestructuras, de la omnipresencia de la Iglesia Católica que trata a sus feligreses como niños o seres humanos sin capacidad de obrar y razonar, de unas élites que dirigen el país como un rancho,etcétera. La lista de horrores sería infinita y cansina.
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| La Abeja Feliz |
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| Vecinos de la Abeja Feliz. |
Manila es un buen ejemplo. Llegué en barco y nada más entrar en su bahía el agua tornaba su color del azul al marrón y el olor de la brisa marina lo hacía al de cloaca. Una vez dentro de la ciudad esa sensación no desaparece nunca. El olor a cloaca, a orines, a seres humanos que defecan y mean en cualquier parte -por falta de baños- lo inundan todo. El centro de Manila me recordó bastante a Centroamérica. Quizás a Honduras y Nicaragua (aunque también incluiría a Guatemala). Edificios en ruina, al lado de edificios estatales (que tampoco tienen mejor aspecto), junto alguno de estilo español o el último centro comercial inmenso (el Robinson ocupa unas tres manzanas). Al lado y de forma sucesiva se acumulan las chabolas. En cualquier lugar hay un niño de la calle con su familia durmiendo y sobreviviendo. Pero no todo está perdido,gracias al progreso, ahora los miserables del mundo pueden degustar un maravilloso "mocha", por 400 pesos filipinos en Starbucks o comer una deliciosa hamburguesa de plástico en Jollybee justo al ladito de tu casa. Si, tendrás que seguir conviviendo con las ratas pero seguro que el olor del mocha mitiga el olor a letrina de tu hogar.
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| Escena rivereña. |
Si de día Manila huele a orines, por la noche ese olor no desaparece sino que se mezcla con el olor a semen y sexo. Hombres- blancos en su mayoría- se disputan la carne fresca de chicas y chicos (cuando no de niños). Las calles de la zona centro están llenas de salas de "karaoke". Las chicas te esperan en la puerta y te invitan. Los karaokes masculinos no, gracias a la moral católica sólo las mujeres pueden ser "públicas", como se hacía con nuestras calles de meretrices. En cambio la prostitución masculina debe ser doblemente pecaminosa o ¿quizás sea menos pecado entre hombres abusar de un ser más débil?. Ya se sabe, que como se ha hecho en los colegios no es más que "actos de iniciación", sin mariconerías, por dios.
El recorrido por Manila seguirá.... (de forma más ligera y amable, lo prometo).
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| Rata aplastada |
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| Niña jugando al lado de la rata. |
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