-¿El gobierno?, un inepto yo haría esto y aquello y los problemas nacionales resueltos.
Lo dicen con una seguridad que uno a veces duda si no sería mejor dejar los temas de "estado" en sus manos.
Siempre, siempre les pregunto qué tal les va el negocio del taxi y cómo lo llevan. Buff, ahí se explayan a gusto. El otro día en el taxi que tomé del aeropuerto de KL a casa me llevó Foussi, un taxista de cuarenta años y originario del norte de Malasia, de Alor Setar, la misma ciudad del presidente casi vitalicio y ya retirado, Mahathir.
- Todos los días, pronto por la mañana voy al aeropuerto y cojo un número que me adjudican para poder estar en el turno para recoger turistas. Cuando tengo el número me voy al trabajo que tengo en Putrajaya, mi trabajo de funcionario. Allí hago encargos y cuando calculo que me va a tocar mi número, regreso al aeropuerto a ponerme en la cola de taxis. Recojo a los turistas y les llevo a su destino -normalmente KL-, después regreso al aeropuerto a recoger otro número y vuelvo a mi trabajo de funcionario a Putrajaya.
¿Y todo este trajín te compensa?, le pregunto.
- Poco, responde. Un viaje del aeropuerto a KL cuesta unos 80 a 100 ringgits. 20 se gastan en gasolina, 10 son del peaje y los 50 restantes se reparten al 50% entre la empresa para la que trabajo y yo mismo. Es decir, Foussi hace unos 80 kilómetros por unos 25 ringgits , al cambio unos 6 euros.
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