Stefan Zweig tiene un libro que se titula,"Momentos estelares de la humanidad". En el relata, distintos momentos en la historia que él considera que cambiaron el rumbo de la humanidad.
Algo así estoy experimentando yo. He vivido momentos que han cambiado mi historia particular y que van a marcar mi vida a partir de ahora.
Jueves, ocho de la tarde, el estómago manda señales de que tiene hambre, mucha hambre. Con el calor que hace sólo como una vez al día, y me sobra. Cerca hay un indio con buffet libre. Todo tiene buena pinta, huele bien y quiero hincarle el diente a casi todo. Pido un arroz con pollo y curry. Tiene una pinta estupenda. Empiezo a masticar, un tenedor, dos, tres y cuatro. ¡Dios, qué es esto! Los ojos me lloran, no puedo casi ni respirar, empiezo a sudar como no he sudado en toda mi vida. ¿Tengo fiebre? Debo estar a más de 40 grados. No puedo hablar, me levanto de la mesa, me dirijo al cajero:
- “Please sir, help me”,emito debilmente entre sudores fríos.
El encargado me trae un vaso de agua hirviendo.
- “Drink it”, responde.
Este tío quiere darme el matarile, seguro. Algún antepasado fue humillado por un blanco calvo y ahora le toca a él la revancha.
Empieza un dolor de cabeza fuerte, y comienzo a marearme. Me da todo igual, empiezo a beber el agua hirviendo. Me quema el paladar. ¡Mm, qué rico el arroz con curry, leches!
Poco a poco, con cada sorbo, empiezo a sentirme mejor. Vuelvo a respirar, dejo de sudar a chorros. Mejor, pero me sigue doliendo la cabeza.
Después del espectáculo ofrecido por un servidor- todo el restaurante mira al blanco con curiosidad, como en una corrida de toros-me siento en la mesa, y pregunto al camarero que demonios lleva ese plato.
- “No spicy, sir”
- “No spicy, your father”-vamos tu padre-(esto dicho en el más correcto acento de Oxford).
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