- Una compañera de la oficina está muy contenta ya que la familia de su novio va a pagar una dote (por ella) de un millón de ringgits (unos 250.000 euros)
- ¡Caray!, exclamé dolido porque la familia de Mus no hubiese pagado esa dote por mi.
He leído un par de artículos interesantes sobre valores culturales en Asia. Uno en el "Korea Herald" titulado " Did culture of obedience aggravate disaster?"(¿Agravó la cultura de la obediencia el desastre?) Hace referencia al hundimiento del ferry en las costas de Corea donde han muerto unas 260 personas, muchas de ellas debido a que decidieron obedecer a las directrices erróneas de la tripulación. Recordemos que durante unas dos horas el buque estuvo yéndose a pique y los chicos (en su mayoría eran estudiantes que iban de excursión a la isla de Jeju) permanecieron sentados esperando a que alguien les dijese que se moviesen. Y se ahogaron.
El artículo señala que una de los rasgos básicos de la cultura coreana es la obediencia, basado en los preceptos confuncianos de obediencia a los superiores y a los mayores. Cada uno tiene que llevar a cabo sus obligaciones con la sociedad y su familia para mantener la armonia social. Pero como señala uno de los entrevistados, pensar que eso signifique obediencia ciega es típico de la ignorancia occidental respecto a Asia. Este comentario me recuerda al estupendo libro de Edward Said "Orientalismo" donde explica cómo Occidente forjó una imagen idealizada (para lo bueno y malo) del mundo musulmán y árabe en particular.Un profesor de secundaria comenta que eso de la obediencia de los jóvenes a los mayores "es cosa del pasado" (sólo le ha faltado decir que sus estudiantes le corren a gorrazos).
En otro artículo, escrito en el Washington Post, con el singular y muy original título de "¿Existe el hombre perfecto?", cuenta como el gobierno chino está impulsando una campaña para que sus jóvenes y exitosas profesionales chinas se casen pronto. Con argumentos tan sofisticados como "el hombre perfecto puede existir pero ¿por qué va a elegirte a ti?" o "cásate pronto o lo lamentarás" muchas chinas se encuentran en un dilema. El dilema es que tienen mucho que perder. Muchas de ellas, debido a sus trabajos ganan dinero y lo invierten en propiedades.Por razones de tradición y también de burocracia, con el matrimonio los bienes pasan a ser gananciales pero a la hora de inscribir la propiedad se encuentran dificultades para hacer la inscripción a nombre de dos titulares y termina siendo el hombre el titular. Muchas dudan pero ante la presión por casarse y no ser unas "sheng su" (solteronas) ceden sus propiedades y dinero.
Terminemos con un lema muy de aquí."Una sociedad armónica se fundamenta en una familia armónica".
Amén.

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