viernes, 17 de abril de 2015

Carta a M.

Querida amiga,

Figura protectora a la salida de la urbanización.
me has preguntado varias veces cómo es mi vida cotidiana en Kuala Lumpur. Se asemeja mucho a la vida que tengo en Madrid. Al final no dejamos de ser animales de costumbres y una cierta rutina nos orienta. Además, después de una vida siendo "mi propio jefe",  no cabe otra que tener una disciplina diaria.
Me levanto  pronto, según los días y los quehaceres. Preparo la tetera con alguno de los distintos tipos de té que voy comprando en los viajes por Asia. Ahora estoy bebiendo un delicioso té de las montañas de Sri Lanka, que se llama "Orange Pekoe", delicioso. Normalmente lo acompaño con un zumo de naranja. No como nada ya que no me entra comida sólida por la mañana. Leo las noticias de España y confirmo que vivimos una "caída de los dioses", de esa España vulgar que nos dejaron Aznar y González donde todos íbamos a ser ricos por que sí, engañándonos mutuamente con la venta de nuestro "pisito" por un 500% más de su valor real.

Trabajo unas horas  y suelo hacerlo en varios sitios (esto es uno de mis lujos). Puedo hacerlo en la terraza de casa que da a un jardín y a una piscina(que nadie utiliza). Escucho los pájaros y observo la vegetación lujuriosa y esa luz intensa que puede cegarte. Es una luz que no hay en España. A mi me fascina. La luz que hay en Malasia  me recuerda a esos rayos simbólicos en donde Dios ilumina al creyente. En vez de un rayo que se dirige a un fiel, la luz nos baña por entero. Cuando tengo que hacer algo mecánico, como contabilidad me suelo coger los papeles, el ordenador y me voy a la piscina. No tengo palabras para describir el placer que me proporciona esto. Jamás la contabilidad me pareció tan agradable. Entre papel y papel, un bañito. También voy a una oficina compartida (shared offices) cerca de casa. Tiene unas vistas impresionantes al "downtown" de KL.

Mus de cocktail.
La comida. Ah, la comida. Me educaron de una forma espartana donde "placeres" como la comida o la bebida se veían con distancia. pero en Malasia esto ha cambiado. Disfruto de la comida como nunca antes. Los sabores y las texturas son diferentes a las nuestras. La comida española siempre me ha provocado indigestiones y malos momentos (salvo los tallarines de mi abuela, nadando en mantequilla). Comer un "laksha" y empezar a abrir mis "centros energéticos", es decir, ponerse a sudar, pero a su vez disfrutar con ese sabor picante suave y esa textura a mus, o disfrutar con la comida de los "pobres", las migas de Malasia, los Kway Teow. Un menú puede estar entre los 1,5 o 2 euros. Quizás los acompañe con un "naan", el pan típico indio. No faltará un zumo de lima o quizás un "teh tarik".

Galería de arte en KL
Vuelvo a ponerme delante del ordenador. Son las 2 de la tarde en Malasia, las 8 de la mañana en España, puedo empezar a hacer llamadas. Internet ha abierto miles de opciones de trabajo diferentes, pero a una persona como yo nos ha dado las herramientas para trabajar dónde y cuándo queramos. ¡Gracias Gran Hermano!.

Resultado de imagen de wei ling gallerySi me he quedado en casa, me suelo dar un par de baños en la piscina. Claramente desciendo de la trucha o el atún vulgaris. Necesito estar en el agua desde niño.No soy de secano. En los últimos meses he estado leyendo un libro histórico sobre un familiar mío y he contrastado lo que leía con lo que sé de mi familia materna y es curioso, hay constantes en la historia familiar. Mis antepasados vascos en cuanto podían se iban de la ciudad o el pueblo (Sodupe, Llodio o Bilbao) y se aventuraban más allá de lo que la "razón y las buenas costumbres" aconsejaban. Mi abuelo vivió muchos años en Cuba. A su vez su padre lo hizo en México. Tenían vidas poco convencionales para su tiempo. Eran comerciantes y solían tener un cierto éxito en los negocios. La curiosidad es otra constante.¡Basta!,  dejo de hablar de mis antepasados.

¿He comentado que me doy varias duchas al día? Mi padre también lo hacía. Recuerdo que pasaba mucho tiempo en el baño acicalándose. Otra constante.

Al atardecer, nos damos un paseo.Me gusta pasear y ver cómo va cambiando la morfología de la ciudad. Como un "abuelete" jubilado voy supervisando los avances de las obras en las calles Bukit Bintang o Jalan Ampang. Las obras avanzan a buen ritmo, gracias.

Gracias a Mus estamos al día en cuanto a las inauguraciones de exposiciones de las galerías de la ciudad. Es una buena ocasión para conocer gente nueva, además siempre hay "makan y minum" es decir, comida y bebida gratis. En vez de los canapés, aquí le dan directamente al arroz con pollo y aunque no le hacen ascos al vino suelen servir una horrorosa bebida con sabor a chicle de fresa. ¡Buahhg!.

El otro día fuimos a la galería de arte "Wei-Ling", está en Brickfields, barrio donde viven mayoritariamente indios tamiles hindúes (también los hay cristianos y musulmanes). El edificio es de estilo chino-portugués. Hace años se quemó parcialmente y la galerista, con muy buen criterio ha mantenido algunas zonas quemadas y las ha integrado en la rehabilitación. Así como, por ejemplo manchas de humedad. La galería es una obra de arte.

Al salir de la galería, nos encontramos con que estaban haciendo una "puja" (ofrenda). Lo cotidiano se transforma en extraordinario por cosas como estas. Salir de un entorno conocido(la galería) y encontrarte de frente a un Lord Krishna  o a Ganesha donde el "puyari" (el que hace la ofrenda) da vueltas a un sahumerio, ofrece agua, frutas y flores al dios, no tiene precio.




Volvemos a casa y según la hora, hacemos algunas llamadas más a España. Las noches son cálidas y si ha llovido hay una neblina que da un aspecto "velado" al entorno. Las noches son cálidas pero no agobiantes, con un ventilador combates el calor y a los mosquitos. Algo que hicimos bien desde el principio fue vivir sin aire acondicionado. El cuerpo ha asimilado perfectamente las diferencias de temperatura. Me gusta contar que hay días a 32 grados en que casi ni sudo.Nos vamos a la cama.




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