En su página 27 habla de que "los reyes malayos conservaban hasta no hace mucho tiempo una mota sagrada de hierro, que formaba parte de los bienes reales y la rodeaban de una veneración extraordinaria mezclada con terror supersticioso".En la página 54 habla de los mineros malayos musulmanes. Malasia es un país exportador, a lo largo del tiempo de estaño. Pues bien, el minero malayo cree que "el estaño está bajo las órdenes de ciertos espíritus a los que conviene apaciguar". Así mismo cree que el estaño está vivo y que puede trasladarse de un sitio a otro; puede reproducirse; tener antipatías o afinidades. Por ello a la hora de extraerlo hay que hacerlo "como sino lo advirtiera".
En determinados casos, hay que buscar la ayuda de un "pawang" o chaman. También a veces se recurre a un chamán "sakai" que pertenece a los primeros pobladores los "orang asli" para dirigir las ceremonias mineras y apaciguar a los espíritus que viven en las minas y en los materiales. Los mineros musulmanes no deben ofender a los "espíritus" o "dewas" nombrando a Alá ni practicar ningún culto islámico. Cualquier declaración de la soberanía de Alá ofende al "dewa" y oculta el preciado mineral (oro o estaño).
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